La cultura patriarcal se mantiene vigente en muchas culturas y el continuo cuestionamiento del marco de salud reproductiva es la manera de caracterizar la posible influencia de los hombres y determinar su efecto sobre la salud de las mujeres y los niños.Las presiones culturales acrecientan la vulnerabilidad de los hombres a la mala salud sexual. Los conceptos de construcción social relativos a la masculinidad y la sexualidad pueden agravar la conducta riesgosa y reducir la probabilidad de que los hombres soliciten asistencia. Todo esto se describe en el documento Estado de la Población Mundial 2008.
“Una cultura patriarcal, con hombres que no reconocen las implicancias de su comportamiento sexual, termina ocasionando daño a la salud de los propios hombres y, sobre todo a las mujeres. La subordinación de la mujer, su ausencia de empoderamiento social, político y sexual, y la falta de acceso a los recursos económicos aumenta la vulnerabilidad al VIH”, manifestó Julio Torales, presidente de Amnistía Internacional.
Añadió, que la violencia por motivos de género, tanto en el ámbito familiar, en la comunidad y en los conflictos armados del propio Estado, es una verdadera pandemia estrechamente relacionada que incrementa el riesgo de las mujeres a la infección del VIH. “Para abordar con eficacia el VIH y sida es preciso respetar, proteger y realizar los derechos de las mujeres, a fin de permitirles protegerse del riesgo de infección del VIH y fortalecer su capacidad para decidir libremente sobre asuntos relativos a su sexualidad, sin ser objeto de coacción, discriminación y violencia”, destacó.
Masculinidad y la sexualidad
Una cultura patriarcal alimenta la necesidad de que los hombres deben probar su potencia sexual, y propiciar que busquen múltiples compañeras y que ejerzan autoridad sobre las mujeres, señala el documento.
El acceso de los hombres a la terapia con medicación antirretroviral es más tardío en la progresión de la enfermedad, que el de las mujeres; de modo que sus sistemas de inmunidad están más afectados y el tratamiento entraña mayor costo para las dependencias de salud pública.
“Esto refleja que, debido a la cultura, los hombres no quieren consultar con los servicios de salud puesto que no quieren pasar por débiles o miedosos. Efectivamente, los roles y responsabilidades que tienen los hombres en materia de la propagación y efectos del VIH hace que sea imperioso y es necesario involucrar a los hombres”, culminó el ejecutivo de Amnistía.
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