Exclusiones improcedentes en el tránsito al socialismo. Hay quienes en relación con la socialización de la economía priorizan dos aspectos muy importantes dentro de la propuesta, de por sí socializante, de democracia participativa:
1) Reemplazar la economía de mercado por la economía del valor; esto es, librar a la sociedad de la dictadura de los precios, montando un sistema en que el trabajo socialmente necesario para crear productos y servicios, pueda ser medido e intercambiado, generando una economía de equivalencias.
2) Garantizar una justa distribución del ingreso nacional, creando un sistema impositivo que revierta hacia la sociedad gran parte del excedente, de las ganancias de las empresas de propiedad privada, de los fondos públicos, y de las concesiones y áreas contratadas que resultan de las negociaciones con el gran capital.
Desde esa visión el énfasis respecto a las expropiaciones-nacionalizaciones, a la socialización de la propiedad privada, casi no aparece.
Entre los que así platean las cosas se encuentra Heinz Dieterich, un destacado precursor de la idea de un nuevo socialismo del siglo XXI, que en ese orden, acompañado de otros pensadores, ha ofrecido valiosos aportes científicos y detalles consistentes para su implementación. También el talentoso latinoamericanista soviético y entrañable amigo Kiva Maidanik, fallecido hace algo más de dos años.
Creo sinceramente que Dieterich y su escuela han contribuido significativamente a la renovación del pensamiento revolucionario y a la actualización y recreación del proyecto socialista.
Pienso también que a esa propuesta de transición al nuevo socialismo deben incorporarse con rigor y fuerza las desprivatizaciones, nacionalizaciones, expropiaciones y confiscaciones, en dirección a la socialización progresiva de la propiedad sobre los medios de producción, distribución comunicación y servicios básicos.
Porque la propiedad privada sobre esos grandes medios entraña poder y es una de las características esenciales del capitalismo, más aun del capitalismo neoliberal. Y porque ella en sí es un obstáculo enorme para desarrollar una economía de equivalencias y para erradicar la explotación del trabajo asalariado por la burguesía y detener y revertir los procesos de contaminación del ambiente, de saqueo y depredación de los recursos naturales y alteración de los eco-sistema.
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