martes, 1 de septiembre de 2009

DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL AL NUEVO SOCIALISMO, PARTE VII

Democracia participativa e integral

El socialismo, claro está, no es solo economía: Y por eso lo trascendente de la democracia participativa e integral, sustentada en nuevos sistemas constitucionales, creados y desarrollados por la vía de la participación popular, de procesos y poderes constituyentes autónomos, capaces de superar las “democracias” estrictamente electorales, representativas, liberales y neoliberales.

La transición al socialismo es a la vez una transición hacia una nueva democracia, hacia una democracia real, verdadera, en la que el poder del sufragio se traduzca en ejercicio cotidiano y creación constantes de múltiples maneras de democracia directa, de participación y control ciudadano sobre las estructuras electas.

Que apoyándose a las garantías, normas y principios constitucionales incorpore el respeto desde el ejercicio gubernamental y la gestión económica-social a todas las generaciones de derechos humanos (individuales, políticos, sexuales, sociales, medioambientales…).

Que posibilite y promueva la abolición de todas las formas de dominación, de todas las relaciones de poder basadas en la discriminación, la opresión y la injusticia.

Que abra las compuertas a la equidad entre los géneros y deje aceleradamente atrás la sociedad patriarcal; que tire por la borda el patriarcado junto al capitalismo neoliberal.

La transición al socialismo y los programas de desarrollo integral son inseparables de la adopción de políticas y planes que reformulen profundamente la relación seres humanos naturaleza, deteniendo la depredación, la desertificación, la contaminación, el empobrecimiento de la naturaleza y la injusta y bárbara distribución de la misma que le asigna las partes mas empobrecidas y riesgosa a los (as) más pobres en el contexto de una producción de riquezas con medios tecnológicos, concepciones de desarrollo y relaciones sociales de producción que empobrecen sin reparación alguna.

El resto de naturaleza y el ambiente son entorno de vida y patrimonio social de las presentes y futuras generaciones y no debe estar sujeta al afán de lucro, al exclusivo interés de la ganancia privada, de la productividad empresarial, irresponsables socialmente y ajena a la continuidad de la vida.

La regulación de ese trascendente capítulo, que incluye la exclusión de la propiedad capitalista sobre los recursos naturales estratégicos, además de normas preservadoras y de contención de su afectación desde la empresa privada, social y del Estado, es algo irrenunciable para detener y revertir todo lo que en ese plano atente contra la vida.

Todo lo que daña el resto de la naturaleza, daña a los seres humanos del presente y del futuro. Impedirlo y revertirlo es de alto interés social, palanca clave para un tránsito revolucionario que procure salvar la humanidad de la crisis de existencia impuesta por el gran capital privado y la globalización de sus espurios intereses.

La opresión de clase esta atravesada y potenciada por otras variantes de opresión-discriminación-subordinación, entre ellas por el poder de los adultos contra los niños (as) y los jóvenes. Y ella a su vez la atraviesa a todas.

La civilización burguesa en crisis que nos proponemos reemplazar en nuestra América no es solo capitalista-dependiente, sino además patriarcal (machista), adulto-céntrica, racistas, mafiosa, depredadora y estructurada para imponer el reino y los intereses, ideas y privilegios de los grandes corporaciones y oligarquías capitalistas, de las mafias políticas, de las elites blancas y su cultura racista, de los adultos abusadores, los hombres machistas y la masculinidad opresora.

Ni la socialización de lo estatal, ni el tema del ambiente y la naturaleza, ni el patriarcado, ni la abusiva hegemonía de los adultos, ni el racismo en todas sus expresiones pasaron a ser preocupaciones fundamentales del tránsito al socialismo que en Europa Oriental-y no solo- devino en in anticapitalismo muy próximo a un “socialismo irreal”. De ahí su inconsistencia e vulnerabilidad extensivas en grados diferente a otro modelos parecidos en otras partes del mundo.

Si el capitalismo ha potenciado todas esas variantes de la opresión de unos seres humanos sobre otro, la nueva democracia, el un nuevo socialismo y el tránsito hacia él, para plasmar en cadena un proceso integralmente liberador, tienen que asumir con la debida firmeza la superación definitiva de esas formas de opresión y dominación funcionales al sistema capitalista.

El tránsito al socialismo, en consecuencia, debe incorporar como protagonista de primera línea a la juventud y sus anhelos, facilitando su conversión en sujeto político-social transformador.

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