Si “YO” es un ready-made, si nos encontramos hechos nuestros pensamientos y nuestros gestos de galán, si lo que consideramos el más turbador fruto de nuestras entrañas se nos descubre como voz prestada, como pantomima de Karaoke; si todo esto llegara a acontecer, todavía podríamos echar mano del arte como ejercicio de resistencia. Juegos de simulación contra la clonación ideológica, guerrilla de la incertidumbre contra el poder absoluto de los medios de producción de sentido.
Ése es el territorio político del arte, no la estetización y musealización de informes o consignas.
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