
Hace varios días el Guardian publicó una nota llena de lugares comunes anticatólicos, escrita por una tal Tanya Gold.
La cuestión del supuesto encubrimiento de abuso de menores por parte de la Iglesia es contestada por Damian Thompson, y acá hay una buena discusión sobre la cuestión de las sacerdotisas.
Yo voy a centrarme en cuatro puntos mediante los cuales Gold intenta presentar al papa como un enemigo de los pobres, como el responsable de un “holocausto” en África, como un terrible villano con el poder de hacer que la gente se suicide del modo más extravagante y como un misógino despiadado.
El primer punto tiene que ver con la Teología de la Liberación:
Ratzinger también se ocupa de censurar la Teología de la Liberación, un movimiento latinoamericano que sostiene que la justicia social es el propósito central del Cristianismo y que los buenos católicos también deberían ser activistas políticos que luchen por los derechos de los pobres que viven en las zonas marginales. A Ratzinger le causó repugnancia, y la rechazó como “una amenaza fundamental a la fe de la Iglesia”.
La doctrina social de la Iglesia está famosamente centrada en los pobres, hasta el punto de derrapar hacia fórmulas económicas asistencialistas y distribucionistas, lo cual ha sido una crítica repetida a la encíclica Caritas in veritate, publicada hace muy poco por el mismísimo Benedicto XVI.
(Sin salir de Argentina, el resurgimiento del debate sobre la pobreza, que el papa ha llamado “escándalo”, se debió a las expresiones públicas de la Iglesia, y no por opinar de lejos sino por palpar directamente esa realidad a través de su obra en los lugares más carenciados).
Todo el mundo sabe que el problema con la Teología de la Liberación es su exégesis marxista del Cristianismo, que la lleva a extremos como el de sostener que la redención no es espiritual sino política, para no hablar de sus vínculos con la violencia armada, con la creación del “hombre nuevo”, con el colectivismo de clase, etc.
Si el papa siente repugnancia por la Teología de la Liberación no es por lo poco que tiene de católica sino por lo mucho que tiene de marxista.
El segundo punto tiene que ver con el sida y los preservativos en África:
Y así llegamos al propio holocausto de la Iglesia, en África. Los preservativos pueden proteger a los africanos del sida, pero ¿quién puede protegerlos de Ratzinger? La Iglesia Católica ha seguido durante mucho tiempo una política contraria al uso de preservativos (...).
(...) El sida, dice Ratzinger, “no puede ser derrotado mediante la distribución de preservativos, que incluso agrava el problema” (...). Su Santidad, hay más de 12 millones huérfanos por causa del sida en África. Veintidós millones de africanos tienen sida, y la ONU teme que 90 millones [de africanos] puedan morir [de sida] en el futuro.
Llamativo: Gold parece creer que los africanos que se contagian de sida lo hacen siguiendo las instrucciones del papa. No sabía que la Iglesia tenía semejante poder de convicción en África.
Si los preservativos son un fracaso contra el Sida no es porque la Iglesia proponga no usarlos y en cambio tener una conducta sexual que no propague el virus (cosa que los africanos que se contagian de sida no hacen, así que de ninguna manera siguen las recomendaciones del papa) sino porque quizá a muchísimos africanos no les gusta usar preservativos y porque quizá andar por ahí ofreciendo cachos de látex no basta para cambiar el comportamiento sexual que propaga el virus.
El tercer punto tiene que ver con el rechazo de la Iglesia a la homosexualidad en relación con la mayor probabilidad de suicidio entre los homosexuales:
¿Le gustaría conocer las estadísticas de suicidios de adolescentes homosexuales, Su Santidad? Tienen una probabilidad de cometer suicidio cuatro veces mayor que la de sus pares heterosexuales. En 1998, un homosexual de 39 años llamado Alfredo Ormando se prendió fuego en la plaza de San Pedro para protestar contra sus políticas. Murió.
¡Ahora la Iglesia también tiene la culpa cuando la gente se quema sola! ¿Qué tiene que ver la Iglesia con esas estadísticas de suicidios de homosexuales? ¿De dónde son esas estadísticas? No me sorprendería que se tratara de lugares donde la influencia social de la Iglesia sea prácticamente nula. ¿Con qué fundamento Gold vuelve extensivo el caso de Ormando al de todos los homosexuales? Con el mismo apriorismo, y dado que Ormando no estaba en sus cabales (salvo que prenderse fuego para protestar sea un acto de cordura), alguien podría decir que todos los homosexuales están locos.
El cuarto punto tiene que ver con la oposición al aborto como postura misógina:
Ratzinger no es mejor con las mujeres; se opone a que haya sacerdotisas, por supuesto, y pide la criminalización del aborto incluso para las mujeres que han sido violadas o están muy enfermas.
La Iglesia no es indolente con las mujeres que tienen embarazos dramáticos, pero tampoco lo es con los niños por nacer. Simplemente se opone a que los niños por nacer sean ultimados, cualquiera sea la circunstancia que los rodee. Es algo muy básico.
Y alguien debería informarle a Gold que entre las víctimas del aborto también hay niñas por nacer, es decir, mujeres. En China —un verdadero paraíso del aborto donde durante décadas se han cumplido por la fuerza políticas de control demográfico parecidas a las propuestas por John P. Holdren, hasta el punto de que ahora los chinos están previendo una escasez de trabajadores en el futuro cercano— la mayoría de las víctimas son mujeres, porque los padres, a los que el gobierno solo les permite tener un hijo, prefieren que sea varón.
Eso sí me parece misógino, además de —más allá de los géneros— absolutamente inhumano.
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