El día de hoy he encontrado un corto de vídeo en el que se ve al Presidente de la República, Hugo Chávez, disertar preocupado sobre la situación medioambiental y energética, mientras habla con desvergüenza sobre el tiempo exacto que nos debiera tomar a todos para asearnos en la ducha. La situación llama a risa si se atiende que sus declaraciones retumban en las paredes de un salón lujoso y mientras va ataviado de un ropaje cuyo precio no alcanzaría honrarse con el salario mínimo del trabajador venezolano.
Con el descaro y la excentricidad a la que nos tiene bien acostumbrados, en esta oportunidad el Presidente demanda del pueblo un sacrificio razonable para hacer frente a la escasez de agua potable y la crisis de energía eléctrica en el país, criticando duramente a esos que se bañan en tinas y jacuzzis durante horas cuando en su opinión, el tiempo ideal para hacerlo “no debe ser mayor a tres minutos”. Para cerrar su comentario y acentuar su reprobación, el mandatario pregunta a manera de reprimenda “¿Qué Comunismo es ese?”, cual si asumiese por verdad irrefutable que el compromiso de los venezolanos está en abrazar tal doctrina.
La hilaridad del asunto —que ya viene natural en la mayoría de las declaraciones de Chávez—, aumenta si se contrasta con el modo de vida de estos revolucionarios que dicen entender las necesidades del pueblo y desdeñan olímpicamente del imperialismo norteamericano, pero adoran sentirse en la comodidad que sólo puede darles la abundancia de dinero fácil proveniente de corruptelas y adulaciones serviles. De justo también cabe recordar que en el reparto de cantidades abusivas de dinero público participa la propia familia presidencial, cuyos beneficiarios se extienden a varias generaciones de chulos y mantenidos que con el tufo del neorriquismo ostentan las gracias que da el poder.
“¿Qué Comunismo es ese?”, se convertirá en la pregunta que ahora en adelante nos haremos todos al presenciar el dispendio con el que se pasea el líder bolivariano y sus acólitos; será sin duda la referencia obligada de humoristas, comunicadores y gente común para el momento en que sea necesario hablar de Chávez y lo que malamente busca representar. No faltará tampoco quien pregunte a estos señores, directa y destempladamente, por esa curiosa forma de Comunismo que permite que unos pocos se enriquezcan vilmente mientras la mayoría padece en la miseria… A mí se me hace extrañamente igual al Comunismo que fue culpable en el pasado de las muertes por hambre de millones de personas en China y la Unión Soviética.
Pero al margen de estas apreciaciones, que evidencian la inconsecuencia de la Revolución y sus personajes, inquieta más que haya aparecido el término “Comunismo” entre lo dicho por el Presidente, un vocablo que ha salido finalmente de sus labios luego de diez años de huida ideológica en los que prefirió disfrazarse de cualquier otra cosa para no hacerse prematuramente impopular*. La circunstancia —nada casual—, de que al líder le brote ahora su convicción comunista, luciendo como una inocentada surgida entre comentarios pseudohumorísticos, nos debe sonar como la próxima justificación a todos los desmanes, persecuciones, violaciones y calamidades que se avecinan en el país.
Aunque la confesión de Comunismo fuese cosa muy esperada por los detractores del gobierno, mortifica la posibilidad de que se deje pasar por alto en la búsqueda de fines más prosaicos e inmediatos como los que ofrece el escenario electoral de 2010, en el que Chávez tiene amplia ventaja y cuyo desenlace viene siendo poco relevante si se le compara con la amenaza que representa esta sinceración ideológica, que llevada a extremos podría alterar e incluso desaparecer procesos electorales enteros, desconocer instituciones y vulnerar libertades.
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