viernes, 27 de noviembre de 2009

CONTRA EL CONSUMISMO

La expresión se puso muy de moda en los años de la progresía antifranquista y sobre todo antinorteamericana: 'sociedad de consumo' y los diferentes derivados de 'consumir', algunos inventados y hoy en desuso. La propia expresión principal está también en desuso, quizá porque nos hayamos dado cuenta de que la prosperidad de un país, no exactamente la de un individuo, depende en buena parte de lo que se venda y de la cantidad que se compre. Tiene su jornada institucional, hoy, Día sin Compra, si la crisis que padecemos no ha aconsejado suprimirla. Una de las quejas que se oye con más frecuencia en estos momentos es que la gente compra menos, y esto hace que haya empresas que quiebren o que cierren por el descenso de las ventas. A pesar de que la tendencia es a comprar cosas que no nos hacen falta, previa creación de la necesidad, no es tan mala como parecía la llamada sociedad de consumo.

Había palabras relacionadas con el consumo que estaban en boca de los jóvenes como algo malo: capitalismo, multinacional, energía nuclear, contaminación y otras muchas. Algunas, para consumir también, se toleraban porque venían del progresismo: whisky, ron, marihuana, rock (duro, blando, sinfónico, etc.), autostop, revolución sexual, camping, póster, teología de la liberación, cristianismo de base e igualmente otras muchas. Eran productos de un tiempo que vivimos de los primeros y en edad temprana, cuando ya sabíamos distinguir con quién debíamos juntarnos y con quién no, pero no discernir con precisión. Seguimos la moda porque quienes sabían de estos asuntos eran jóvenes universitarios de familias sin problemas económicos graves, que hablaban del pueblo pero no con el pueblo. El pueblo iba por donde solía. Se estableció una clase interclasista en la que todavía nos reconocemos, a las puertas de la ancianidad, cuando nos encontramos. Quien escribe se niega a contar batallitas y prefiere el pasado que fue en realidad: misterioso, secreto, de iniciación, contradictorio y turbulento.

Luego resultó que no se ha encontrado sustituto para el capitalismo, pues sólo él mismo tiene las soluciones de su reforma, que sin capitalismo, sin multinacionales, sin energía nuclear y sin contaminación tolerable encarecíamos los productos progres y nos quedábamos sin marihuana y sin teología de la liberación, sin libros prohibidos y sin ropa testimonial de izquierda, sin discos de vinilo y sin misas posconciliares privadas con la comunión en las dos especies. Nos hicimos mayores y empezamos a ganar dinero. Lo gastábamos en libros y discos, los menos, o, lo más, en comidas caras para el olvido y en viajes que se llevó el viento. Consumíamos más, pero sin parecer burgueses. Hubo quien se hizo adicto a comprar y todos dejamos de hablar de la sociedad de consumo, como un mal, hace tiempo.

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